05 · Journal · Actualizado el · Anfitriones y posaderos

Acoger a desconocidos en casa: lo que eso enseña sobre las personas

Lo que la acogida en casas de huéspedes nos ha enseñado, a lo largo de los años, sobre los viajeros y sobre la hospitalidad.

Acoger a desconocidos en casa: lo que eso enseña sobre las personas

Lo que la acogida en casas de huéspedes nos ha enseñado, a lo largo de los años, sobre los viajeros y sobre la hospitalidad.

Al principio, lo que más preocupa son los detalles materiales. Si la habitación está bastante limpia, si la bandeja de bienvenida está bien provista, si la toalla queda doblada con cuidado al borde de la cama. Algunas temporadas más tarde, uno comprende que esos detalles pesan poco. Lo que cuenta es la forma en que la persona deja su mochila, atraviesa el pasillo, dice gracias o, a veces, se olvida de decirlo.

Lo que la gente revela lejos de su casa

De viaje, las personas no son las mismas. Ni mejores ni peores, simplemente distintas. El marco habitual que sostiene sus gestos ha desaparecido. Se ven familias volver a ser una familia, parejas recuperar algo de lo que habían dejado deshilacharse, viajeros solitarios contar durante dos horas una vida que no comparten con nadie. La acogida abre un paréntesis donde pueden ocurrir cosas inhabituales.

Los encuentros que se quedan

Sobre cientos de estancias, algunos rostros dejan huella. El investigador jubilado que pasó una hora en el patio explicando la biodinámica en las viñas. La familia que volvía cada año y cuyos niños crecieron delante de nosotros. La ingeniera holandesa que había encontrado nuestra dirección en un cuaderno de viaje heredado de su abuela. Esas historias forman la materia invisible del oficio de anfitrión.

Lo que cambia en la propia manera de ser

Uno acaba juzgando mucho menos. No por virtud, más bien por desgaste. Hemos cruzado demasiados perfiles distintos como para creer que un viajero valga más que otro. El cuarentón tenso que recupera un ritmo respirable en dos días. La jubilada que conoce el Vaucluse mejor que nosotros. El adolescente de dieciséis años que descubre que la Provenza no pertenece solo a sus abuelos. Cada cual tiene una razón para estar ahí, y esa razón rara vez nos concierne.

La hospitalidad no es un servicio que se presta. Es una manera de vivir que se elige.